Co-Living y Co-Working: ¿tendencia moderna o necesidad disfrazada?
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En los últimos años han surgido términos que suenan modernos, frescos y hasta “cool”: Co-Living y Co-Working. La narrativa nos dice que son nuevas formas de vivir y trabajar que buscan fomentar la colaboración, la comunidad y el intercambio de experiencias. Sin embargo, detrás de esa imagen atractiva se esconde una realidad menos glamorosa: para muchas personas, no son una elección libre, sino la única opción posible.
La otra cara del Co-Living
El Co-Living se presenta como la “tendencia” de compartir vivienda con otras personas, incluso desconocidos, para crear comunidad. Pero ¿por qué tanta gente recurre a ello? La respuesta es simple: muchas personas ya no pueden pagar solas el alquiler o acceder a comprar una casa. Lo que se nos vende como un estilo de vida aspiracional, en realidad refleja un problema estructural: la dificultad creciente para costear una vivienda digna.
El espejismo del Co-Working
Algo similar ocurre con el Co-Working. Si bien puede ser inspirador compartir un espacio de trabajo con otros profesionales, también hay que reconocer que para muchos es una necesidad económica. La imposibilidad de costear una oficina propia o incluso los gastos de transporte diario hace que estas alternativas se disfracen de innovación, cuando en realidad son consecuencia de un poder adquisitivo deteriorado.
Inflación y pérdida de poder adquisitivo
La inflación golpea día a día nuestros bolsillos. Para suavizar el impacto, la sociedad y los mercados nos venden estas tendencias como experiencias positivas y deseables. Pero más allá de la moda, lo que vemos es que nuestra capacidad de compra se reduce, y la solución aparente es disfrazar la necesidad de virtud.
¿Qué podemos hacer?
Aceptar estas tendencias sin cuestionarlas es resignarnos poco a poco a perder libertad y privacidad. La clave está en desarrollar una educación financiera sólida y mantener una mirada crítica sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. No se trata de rechazar todo lo nuevo, sino de preguntarnos: ¿lo elegimos realmente o simplemente no tenemos otra alternativa?
Tener pensamiento crítico y formar nuestras propias conclusiones es el primer paso para recuperar control sobre nuestra vida y no caer en narrativas que nos quieren imponer.